A veces hace falta irse para poder volver…

“A veces hace falta irse para poder volver” … Empiezo este post con esta frase porque representa lo que viví estas últimas 6 semanas que estuve desconectada de la página y de ustedes. Me fui en un viaje que supuso un paso más para mi crecimiento personal y profesional, pero que también implicaba aventurarme a lo desconocido, atreverme a hacer lo que hasta ahora no había hecho y abrirme a nuevas experiencias. Dos días antes de irme, me cambiaron los planes completamente y estuve a punto de no viajar, situación que me dejó claramente sin piso y con las estructuras en el aire.

Recuerdo que en esos días fui a la oficina a hablar con mi jefe sobre los proyectos que seguiría realizando a distancia con él, y por la confianza que le tengo, no pude evitar contarle lo que en ese momento me estaba pasando, y es que me sentía totalmente vulnerable e incapaz de tomar una decisión. Como siempre, él muy cálido y comprensivo, me dijo algo que viene a mi mente con frecuencia: “Cuando te embarques en algo sobre lo que no tienes absoluta certeza, ponte 3 metas que dependan única y exclusivamente de ti, no de otras personas, ni de la situación, sólo de ti.” Para entender lo que me estaba diciendo, hizo la analogía con la experiencia de vida de Víctor Frankl, médico psiquiatra austriaco que sobrevivió al holocausto y que, tras ser deportado a los campos de concentración nazi, se propuso lograr 3 cosas: 1. Salir vivo. 2. Aprender de la experiencia que le tocaba vivir. 3. Ayudar a las personas que pudiera en el camino. Aunque salir vivo, no era algo que dependiera únicamente de él, era fundamental y obligatorio para lograr lo otro, y fue finalmente todo lo que vivió, lo que lo llevó más adelante a escribir su exitoso libro, “El hombre en búsqueda de sentido”, contar su experiencia, y seguir ayudando a muchas personas, desde la logoterapia (escuela de psicología que fundó).

Luego de contarme este episodio de la vida de Frankl, y darme cuenta que lo mío no era así de crítico en ese momento, mi jefe me dio 6 horas (las horas de mi vuelo), para pensar en esas 3 metas. Tengo que ser sincera, y reconocer que me tomó 6 semanas tenerlas claras, y luego de tantas cosas que me pasaron, hay una sobre la que me reivindico una y otra vez, y es sacar el aprendizaje a todo lo que me sucede y seguir escribiendo de eso, de la vida, de sus vueltas, del amor, y de aquello que me mueve por dentro.

Lo cierto de este viaje y de los otros viajes que hacemos en la vida, es que uno nunca tiene certeza absoluta de lo que pasará, que muchas veces el 100% de tus planes pueden venirse abajo para dar paso a nuevas bases y estructuras, y que lo único sobre lo que tienes absoluta certeza es sobre ti mismo y sobre lo que estás dispuesto a dar. Lo otro cierto de mi viaje, es que tuve que irme para poder volver, más despierta, más desapegada, más segura, más abierta a lo que vendrá.

Mary

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