El miedo a perder…

¿Qué pasa cuando no quieres perder a alguien que debes dejar ir?… Dejar ir a alguien, no significa perder, mucho menos dejar de quererla, borrarla de tu memoria y hacer como si nunca hubiera existido. A veces dejamos ir, porque esa persona ya no está en sintonía con nuestros deseos y metas, porque quizá trascendió a otro plano o porque la distancia física o emocional se hicieron tan grandes, que nos obligaron a cerrar puertas para no sentir el vacío de no ver nada más detrás de ellas. A veces también dejamos ir, porque así es el deseo de la otra parte y debemos respetarlo, o porque vinieron a mostrarnos algo y su parte, en este capítulo de vida, se dio por concluida. A veces dejamos ir, y el proceso puede ser tan duro y largo, dependiendo del nivel de resistencia que pongamos, de la intensidad con la que quisimos a esa persona, o del miedo que tengamos a perder.


Todas nuestras relaciones sean de pareja, de amistad, profesional o familiar, vienen a mostrarnos algo de nosotros mismos, porque todos somos espejos, en los cuales nos redescubrimos y aprendemos a vernos y a ver la vida con nuevos ojos. De ahí es que a veces digamos, que tal persona saca lo mejor o lo peor de nosotros mismos, intensificando el nivel de atracción y/o rechazo que se crea con ellas. ¿Pero qué pasa cuando estas relaciones acaban? ¿Por qué a unas personas se les hace más fácil soltar y a otras no? … Mi experiencia personal y la de personas muy cercanas a mí me llevaron a darme cuenta que las personas que saben dejar ir con más facilidad, son personas que integran de manera más rápida las lecciones aprendidas en relación con el otro, aceptan los aspectos negativos surgidos en la relación y de los que no eran conscientes para poder luego cambiarlos, reconociéndose así como seres completos. Por otro lado, las personas a las que se les hace más difícil dejar ir, viven continuamente proyectando sobre el otro sus necesidades, carencias, expectativas y frustraciones, es así que cuando la persona ya no está, el proceso de dejar ir, puede volverse muy doloroso y largo. Estas personas no han aprendido a integrar estos aspectos en sí mismos, y al no hacerlo no se dan la oportunidad de trabajarlos y sanarlos, sintiendo la necesidad de tener siempre a alguien que llene esos vacíos o haga el trabajo por ellos.


Dejar ir no ha sido un proceso fácil para mí, sin embargo, voy aprendiendo a sentirlo cada vez menos angustiante, y poco a poco más liberador, en la medida en que me hago consciente de 2 cosas que quiero compartir hoy con ustedes: La primera, es entender que una persona, en cualquier tipo de relación, viene a complementarme para construir algo juntos, no para completarme. Yo ya soy un ser completo y mientras me reconozca como tal, con mis luces y sombras, voy a poder atraer a otro ser que vibre en la misma sintonía. La segunda, es entender que detrás del temor de perder a la otra persona, en verdad a lo que temo es a perder, a perder lo que esa persona refleja de mi y que está en potencial, a perder el cúmulo de sensaciones que puedo sentir junto a alguien más, a perder atención y afecto… a perder lo que yo misma no he aprendido a darme primero.


Dejar ir, es un proceso que requiere de aceptación, amor propio, paciencia y mucha compasión por uno mismo. Si sientes que no puedes hacerlo solo, te invito a buscar ayuda, y de corazón te digo, no te permitas vivir atado a personas que ya no están en tu vida o a las que sabes que tienes que dejar ir. Tienes el derecho de ser feliz y libre y compartir tu vida junto con otro ser que también lo sea.

Mary

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